Ser o estar feliz. Permítete llorar.

Ser y estar feliz, ¿Es lo mismo?. Ser feliz incluye estar feliz pero sin el concepto efímero que implica estar feliz por algo concreto. Un ejemplo de estar feliz pero no serlo podría ser cuando la adrenalina se dispara al subir a una montaña rusa, durante unos segundos se está feliz pero al bajar de ella se vuelve a recuperar el estado previo.

felicidadEntonces, lo interesante realmente es ser feliz pero ¿Se puede ser feliz?, ¿Existe un lugar donde reside la felicidad?, ¿Dónde hay que empezar a buscar?, ¿Es la felicidad un fenómeno transitorio?.

A nivel neurológico existen mecanismos y lugares específicos en el cerebro que otorgan felicidad. Los neurotransmisores, es decir, las sustancias que proporcionan bienestar, son transitorios y dependientes de circunstancias concretas y permiten estar felices pero no ser felices.

La búsqueda de la felicidad parece por tanto un concepto complejo ya que es subjetiva, su intensidad y duración varia por tanto para cada persona.

Para conocer la existencia de la felicidad es inevitable conocer también la experiencia de lo que se siente con su opuesto: la amargura, la tristeza, la infelicidad.

Toda emoción tiene una utilidad, es adaptativa e implica superación, aprendizaje y adquisición de experiencia. Ejemplos de ello lo vemos en el miedo o la tristeza que permiten ser consciente de los riesgos o otorgan empatía y superación ante determinadas situaciones que provocan dolor, ya sea físico o emocional.
Aprender a dominar las emociones no implica negar las que en apariencia resultan molestas sino saber gestionarlas y que resulten de utilidad.

En multitud de contextos nos encontramos situaciones en las que cuando se está llorando dicen: no llores. Sin embargo, llorar es liberador, es “sano”, ayuda a superar lo que por dentro hace sentir mal. Llorar es una opción cuando no se encuentran las palabras para expresar todo lo que se piensa o se siente.

No obstante, hay que marcar limites y utilizar las emociones en su justa medida. Como en todo debe existir un equilibro pues si nos dejamos arrastrar por esas emociones ” negativas” se acaba en una espiral en la que la utilidad pasa a ser nula.

Para ser felices se requiere aceptar la tristeza así como el resto de emociones negativas: odio, ira, rabia… y hacer de todas esas emociones un proceso de aprendizaje para canalizar lo que se siente, porqué se siente y descubrir que se puede hacer para recuperar el bienestar mental y físico. Las emociones negativas son, por tanto, una advertencia de que algo no va bien y deben servir como impulso para recuperar o iniciar aquello que hace sentirse bien.

Ser feliz requiere comprensión, consciencia, aceptación y superación:

  • Comprensión de las emociones, cuales existen, que utilidad tienen y como gestionarlas.
  • Consciencia de dichas emociones. Saber que se está sintiendo.
  • Aceptación de las emociones negativas y positivas.
  • Superación, mejorando cada día y aprendiendo a resolver los “conflictos”.

¿Es entonces la felicidad un estado transitorio? Quizás la respuesta a esta pregunta no tenga una sola dirección. La felicidad no es una meta la cual una vez alcanzada ya se ha ganado. Es una carrera constante que requiere entrenar para alcanzarla tantas veces sea posible y si no siempre se es capaz de llegar, sentarse a reflexionar y descansar para continuar cuando se vuelva a estar preparado.

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